CHUECA: Chispas, Integración, Identidad

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Toda persona que llega a Madrid, España sabe que Chueca es, desde hace años, el emblemático barrio LGBTQ de proyección internacional. En la semana en que se celebra el Orgullo LGBTQ, a principios de julio de cada año, el barrio recibe la visita de más de dos millones de personas.

En la primera impresión sorprende la soltura y la naturalidad del comportamiento LGBTQ en Chueca. Contrastante con la realidad que viven otras ciudades de la propia España y otros países con referencia a la diversidad sexual, lo que habitualmente se llama “libertad”, aunque no siempre sea realmente así.

Personalmente, me sorprendió mucho en mis primeros tiempos de vivir en Madrid, que muchos se quejaban de la “falta de libertad” en muchos aspectos. Porque yo, que vengo de otro lugar donde la libertad es menor y el prejuicio más grande, no podía dejar de pensar ante cada frase: “…falta de libertad… ¿comparando con qué?”.

El barrio de Chueca no siempre fue un barrio LGBTQ.

Cuando Madrid se convirtió en capital allí sólo había tierras de labranza propiedad de señores nobles, algunas herrerías, prostitución, porque eran las afueras de la ciudad. A los herreros se les conocía como “chisperos” por las chispas que saltaban de la práctica de su oficio y éstos, orgullosos de su trabajo rivalizaban mucho con los llamados “manolos” que eran vagos y proxenetas.

También por esa época Madrid tenía su Universidad en un barrio cercano y la zona se llenaba de estudiantes con lo cual se establecieron bares, restaurantes y mucho movimiento pero al trasladarse la misma la zona cayó en decadencia.

Así fue que en los años 60 y 70 del siglo pasado la zona tenía muy mala fama, con lo cual los alquileres se volvieron más baratos, se abrieron oportunidades para nuevos negocios y fue entonces cuando en la zona comenzaron a instalarse artistas, empresarios y entre todos ellos mucha comunidad LGBTQ  conformando así un perfil de barrio en el cual estaban permitidos gestos de afecto, conversaciones, bailes y caricias que no estaban “bien vistos” en otros barrios de Madrid.

Es inevitable que al pensar en esos tiempos asalten mi mente pensamientos acerca de si las primeras personas gay, lesbiana, bisexual y trans que se establecieron en Chueca se nuclearon allí porque se sintieron libres o bien porque era la única vía de escape a una sociedad franquista represora y fascista que los perseguía y en muchos casos los hacía “desaparecer”.

Fue Chueca entonces una especie de fortaleza de entorno protector, de barrio mágico “somewhere over the rainbow, that the dreams that you dare to dream really do come true”? (en algún lugar, más allá del arcoiris, donde los sueños que uno se atreve a soñar realmente se vuelven realidad). Lo que comenzó siendo algo similar a un guetto se fue convirtiendo poco a poco en un referente internacional, en un lugar diverso, multifacético, muticultural, en un abanico de colores, edades, etnias, músicas y tendencias. Y se fue abriendo al mundo, expandiéndose, integrándose.

Y sí, es el paraíso comparado con otras ciudades otros pueblos otras sociedades otros países de nuestro amado y ancho mundo. Es ese lugar cosmopolita, diverso y maravilloso en el cual conviven en armonía y respeto las personas más variadas sin el temor de ser juzgadas, sin temer demostrarse su amor y su desenfado sin tapujos.

Pero lo que nuestra comunidad LGBTQ ha logrado en cuanto a sentirse integrada e integrar, a no sentirse diferente ni marginada, no obstante, siento decirlo, no lo ha logrado aún toda la sociedad española y entre ellos algunos integrantes de la clase política. Por eso este pasado año las fiestas del Orgullo LGBTQ fueron expulsadas de Chueca como Luzbel del Paraíso, alegando absurdas y nunca verificadas quejas de los vecinos que allí viven porque se produce ruido y suciedad en los días de celebración.

Hasta el momento, ninguno de esos vecinos que, por otra parte, llevan años viviendo allí se ha manifestado, pero lo cierto es que las fiestas fueron desterradas de su propio entorno y obviamente, Chueca ya no es la misma sin esa celebración y actualmente se muestra decadente, descuidada y sin el encanto que la caracterizaba hasta hace muy poco tiempo.

Y todo esto da para pensar: ¿realmente  es Madrid  una ciudad tan cosmopolita, diversa, amplia y tolerante como se cree que es?

Lo que sí es cierto es que, a pesar de las prohibiciones que en pleno siglo XXI siguen existiendo solapadas bajo un antifaz de “tolerancia”, en Chueca siguen y seguirán saltando “chispas”.

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About the author

Carmen Toledo

Carmen nació en Montevideo - Uruguay y vive en Madrid - España desde hace algunos años. Directora de Teatro y Espectáculos, Escenógrafa, Iluminadora, Sonidista, Deejay, escritora ocasional, mujer interesada en todas las expresiones del arte, la cultura y la integración y libertad de las personas, sean cuales sean su raza, sexo, religión, creencias o condiciones sociales y culturales. Espera poder realizar un espectáculo de temática LGBT en un futuro próximo.

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  • Victoria

    Tantos años escuchando hablar y leyendo sobre Chueca y no sabía su historia. Gracias Carmen por tu reseña.  Es muy triste que hayan desplazado la marcha LGBTQ del histórico barrio gay.

    • http://www.facebook.com/carmen.toledo2 Carmen Toledo

      Gracias Victoria por tu comentario y tu apoyo. Sí, a mí también me parece muy triste porque, por un lado, la clase política alega a su favor que ahora las fiestas del Orgullo Gay han dejado los límites de Chueca para “ganar espacio” en la Gran Vía y expandirse por la ciudad, pero en realidad el Orgullo Gay no es sólo la marcha, sino la fiesta antes y después que, sin dudas, tenía su lugar por excelencia en Chueca.

  • Mariapilarwilson

    Qué bien te expresas Carmen, espero que sigas escribiendo pues me encanta leerte!