La comunidad del anillo: Los crímenes por transfobia y las prioridades de la comunidad LGBTQ

Siento, por momentos, que vivimos épocas de confusión, en las que parece que no sabemos dónde ir, qué nos mueve, cuáles son nuestras prioridades. Y cuando hablo de prioridades me refiero a algo tan básico como el derecho a la vida.

Quizás estamos obnubilados, o lo hemos estado por mucho tiempo, con la fantasía de que el otro nos reconozca como iguales, si es que tenemos la libreta de matrimonio en la mano. Allí, probablemente, y de seguro que sí, viviremos en una sociedad un poquito más igualitaria. Pero no creo que tanto. ¿Qué tan iguales podemos ser, y qué tan iguales nos podemos sentir, si con una libreta en la mano, vemos en las noticias cómo una compañera trans fue brutalmente asesinada? ¿No nos habremos salteado un gran paso?

La comunidad LGBTQ parece practicar la indiferencia, haciendo lo que tanto tiempo criticamos. La indiferencia no deja de ser, en parte, discriminación. Y una comunidad no puede estar distante de esto. A muchas y muchos puede no importarles, pero luchar por tantos Derechos cuando aún hay heridas que no sanan, cuando las personas trans siguen sufriendo la peor de todas las formas de discriminación, cuando a la sociedad toda parece importarle más cuán consumidor es el gay tipo y el nicho del mercado que ocupa, rechina.

Y queremos casarnos, y tener nuestros anillos.

Me pregunto si con esta realidad la comunidad LGBTQ se puede seguir llamando así, cuando claramente, las personas trans están en total desigualdad de derechos y oportunidades, y la comunidad como tal parece no se movilizar tras esto como su causa principal.

Las campañas por visibilidad son positivas, las campañas por el matrimonio igualitario también, las campañas por la adopción de parte de parejas del mismo sexo también. Todo es válido y suma. Pero algo me hace sentir que nos estamos salteando un paso fundamental: el paso de la gran lucha en contra de la transfobia.

El cruel asesinato por homofobia de Daniel Zamudio en Chile levantó una ola de manifestaciones. En Uruguay también se marchó por Zamudio. Pero según las noticias en este mismo país y semanas antes, una mujer trans había sido asesinada.

Por ella no se marchó. Pero queremos casarnos.

O estamos muy enfocados en lo que sucede fuera de fronteras, y en la indignación extranjera como para no indignarnos con lo que sucede aquí; o de verdad, y lamentablemente, debemos estar haciendo algo mal.

Esta semana, y pasado el caso Zamudio, otra mujer trans fue asesinada en Melo, Uruguay. Ahora si nos movilizamos, ahora sí los medios lo informan. Ahora sí, luego de varios asesinatos a mujeres trans, y luego de indignarnos con los lamentablemente renombrados casos de bulling y de homofobia que ocurren fuera de fronteras. Nos despabilamos, nos despertamos.

Pero indignarnos y movilizarnos cuando las muertes ya son varias, y no hacerlo con cada uno de los casos que lamentablemente ocurren, no parece reacción.

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Yamandú Lasa

Tras recibirse de Lic. en Ciencias de la Comunicación, Yamandú Lasa se dedica -desde hace 5 años- a la producción de eventos y difusión de noticias de temática LGBT. A lo largo de su carrera ha incursionado en medios radiales, portales de noticias, de prensa y en la producción del festival de cine Llamale H; innovando e incorporando propuestas que signifiquen un paso adelante en materia de inclusión desde la información, la cultura y el entretenimiento.

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  • Victoria Garcia

    Absolutamente de acuerdo contigo Yamandú. La razón de la tardanza en la pelea por legalizar la Ley de Identidad de Género o la de tipificación de crímenes de odio, tiene que ver con la transfobia instaurada desde siempre en la comunidad LGBTQ uruguaya. Suerte que lo dijiste vos y no yo puesto que llevo 12 años fuera de Uruguay y algunos gays y lesbianas activistas podrían caer en ese acto tan patriótico de que los de afuera somos de palo cuando en realidad en 12 años la transfobia sigue ocupando los mismos lugares. Gracias por tu artículo de opinión. 

  • Juanandres Gomez

    Buen artículo, Yama. Es como con muchas otras cosas. Yendo a algo bien banal que igual nos retrata como sociedad: nos encanta el cholulage argentino, pero vemos mal que acá se haga lo mismo. Consumimos cosas de todos lados, pero cuando las hacemos acá muchas veces no tienen el mismo éxito. 

    NO CREEMOS EN NOSOTROS MISMOS.

    Pero en este caso en particular eran mujeres trans. El último escalafón social, que casi se salen de la categoría de ser humano y queda casi siempre fuere de la de ciudadano. Por eso no nos preocupa, no las vemos como pares. 

    Uruguay tiene bajas tazas de homofobia, de alguna manera está de moda serlo o tener amigos o compañeros de trabajo o estudio. Hace pocos años decir que uno es gay te situaba en el centro de la atención, hoy ya no es así, se pasa casi desapercibido.