Daniel Zamudio y Matthew Shepard: Dos Crimenes de Odio

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Chile se ha convertido en los últimos días en tema de conversaciones y en centro de atención debido al cruel asesinato de un joven, Daniel Zamudio, víctima de la violencia neonazi. Siempre la muerte de un joven es dolorosa y siempre nos remite a preguntarnos el ¿por qué?, ya que no es lo normal, no es lo habitual, y más aún cuando la muerte es producto de la violencia.  Allí es cuando más necesitamos tener una razón, algo que nos permita entender hechos que parecen no tener sentido.

Daniel Zamudio tenía 24 años, era un joven como cualquier otro. Hijo de un matrimonio separado, vivía con su madre y su abuela, y trabajaba en una tienda para poder financiar sus proyectos de estudiar actuación. Al parecer su condición homosexual era conocida por su familia, y aceptada a medias, como es el caso frecuente. Nada en la vida de este joven chileno parecía por lo tanto fuera de lo común, de lo habitual.

El 2 de marzo del presente, sin embargo se convirtió en noticia, Zamudio fue atacado por cuatro neonazis (aunque la víctima sea débil siempre parece más seguro para estos energúmenos actuar en la impunidad del número, profesan una ideología criminal que resalta la fuerza, pero actúan de forma cobarde, que contradicción no?), fue brutalmente torturado y asesinado, tal como describe la prensa:” Le arrancaron parte de una oreja, le marcaron el cuerpo con símbolos neonazis y le dejaron caer en varias oportunidades una gran piedra sobre su estómago y también sobre sus piernas e hicieron palanca en una de ellas hasta que sus huesos sonaron y la fracturaron”.

Al enterarme del asesinato del joven chileno mi mente me retrotrajo a los hechos que recuerdo de mi adolescencia, hechos que seguí en la prensa de los EEUU, y en medios internacionales, me refiero al asesinato de Matthew Shepard en Laramie, en 1998. Sheppard un joven  gay, estudiante universitario. Shepard fue golpeado torturado y asesinado por dos jóvenes que salieron con él de un bar de Laramie. En una zona remota de  las afueras de la ciudad, fue atado en un poste golpeado y azotado, sus asesinos lo dejaron allí, fue encontrado el día siguiente por un hombre que pasaba, cuando lo llevaron al hospital tenía daños en el tronco encefálico, y heridas en la cabeza, el rostro y el cuello, al final murió unas seis días  más tarde.

El asesinato de Matthew Shepard ocurrió hace 14 años, en su momento inició todo un debate en los EEUU, del que fue protagonista hasta el propio presidente, la discusión giró en torno a la discriminación, allí conocimos el concepto de “crímenes de odio”. Confieso que la idea de que alguien asesine a otra persona solo por que no le guste su forma de ser me resulta muy chocante, parece algo de otras épocas (suena a quema de brujas o linchamientos de judíos en la Edad Media), y el hecho de que aquel crimen ocurriese en una sociedad abierta y democrática me impactó profundamente, en cierta forma demuestra hasta que punto las minorías sexuales son vulnerables a la violencia, y a los asesinatos.

Los crímenes de odio no son solo un problema de los EEUU, todos los años se registran hechos de esa naturaleza en países de todo el mundo, Brasil y México están entre los países depende la violencia contra los homosexuales se da de forma más frecuente.

Lo peor de los “crímenes de odio” es que siempre hay quienes logran encontrar el justificativo para ellos, cuando Matthew Shepard fue asesinado los fanáticos  religiosos y fundamentalistas intentaron boicotear las marchas en su nombre, portando carteles que decían “god hate gays” o “Mathew Sheppard se va a pudrir en el infierno”.

Los 14 años que separan un crimen del otro de seguro explican porque no hemos visto estas manifestaciones. ¿Pero cuánta gente aún piensa eso?, ¿cuántos en su fueron intimo piensan “se lo tenía merecido”? Todavía recuerdo como la gente defendía a los asesinos de Sheppard argumentando que en el fondo él joven tenía la culpa por haber “seducido” a sus asesinos. Como si ser gay fuera en el fondo la causa justificada de sus muertes.

El odio no nace por generación espontánea, surge de los prejuicios y estos los crean las sociedades y los tramiten a las nuevas generaciones. Nos asombra cuando el prejuicio llega a matar. ¿Pero cuántos sin llegar a tanto justifican el prejuicio o lo usan?,¿cuántos desprecian en definitiva al otro? Porque es “distinto”, ”porque no es como yo”. Por supuesto, tener prejuicios no nos hace asesinos, pero si no contribuimos a erradicarlos permitiremos que la sociedad los preserve y los trasmita a las nuevas generaciones.

Hay gente suficientemente idiota como para matar por prejuicios y por odio, es nuestro deber entonces tratar de erradicar las excusas en las cuales se basa ese odio. Por ello el prejuicio debe ser combativo de forma implacable, aún me sorprende saber que en Chile se discuta la necesidad de una ley contra la discriminación por razones de orientación sexual, reconozco que no sabía que el país trasandino carecía de una, es decir ¿hay que discutir eso?, es necesario debatirlo? Zamudio pagó con su vida la fuerza de los prejuicios seculares, de seguro su muerte innecesaria, absurda e injusta sirva para acelerar en aquel país la aprobación de la ley.

El problema no es que Shepard o que Zamudio fueran gay, el problema es que los hayan asesinado por eso, y que haya gente que expresamente o no justifique la persistencia de los prejuicios.

En nuestro país, Uruguay, tenemos una legislación contra la discriminación, la misma fue producto del trabajo de muchos uruguayos, y en especial de los ex legisladores Nahum Bergstein y Washington Abdala. Pero aún con esa legislación vigente la discriminación persiste, y hay quienes la defienden escudándose en la “libertad de expresión”, el año pasado vivimos un incidente de ese tipo provocado por las lamentables declaraciones de la entonces directora de la UTU de San Carlos en un programa televisivo, lo peor fue que la autora de los dichos encontró eco en algunos referentes de la clase política, yo me pregunto y si algún día nos toca a los uruguayos tener un Daniel Zamudio o algún Mathew  Sheppard van a seguir hablando de “libertad de expresión”?.

Recientes estudios revelan que en nuestro país justamente la familia y el sistema educativo son los lugares donde los gays, lesbianas, trans y queer reciban más violencia y discriminación, habrán notado que justamente la familia y la educación son los dos pilares donde se forma la personalidad de alguien, es allí donde se debe combatir la discriminación, allí radica parte del problema. Esperemos que no tengamos que tener ningún Daniel Zamudio para que nos tomemos el tema de la discriminación en serio.

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Juan Martín Sánchez

Juan Martín Sánchez, es profesor de Historia. Secretario de la Agrupación Diversidad Colorada (Partido Colorado-Uruguay).

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