La cola arribista

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“En todas las casas se cuecen habas” dice mi mamá, y claro, tiene toda la razón.

En el mundo actual, podemos encontrar cierto tipo de hombres. Y en el mundo gay, los cánones y parámetros son los mismos. Por lo que hoy les quiero hablar de un tema que me pidieron analizar: el gay arribista, o, como suena más llamativo: “la cola arribista”.

Ser un escalador social no tiene nada de malo. Únicamente responde a los principios de la sociedad y el sistema actual, influenciado por eso que denominan movilidad social. Soy un fiel creyente que sólo con estudios, buenos negocios o con tratos ilícitos, puedes llegar a tener un poder adquisitivo sustentable. Personalmente, hasta ahora viajo por la vía de estudiar para tener plata, teniendo presente que la educación no es un medio, sino un fin.

Dentro de este loco sistema en que vivimos, donde las marcas comerciales “gay-friendly” establecen una pauta de vida en el mundo gay, existe un variopinto de hombres gay (al igual que heterosexuales) que son capaces de gastarse el sueldo del mes en tener un producto Mac — por dar un ejemplo más gráfico –  y es precisamente en ese punto donde me quiero detener.

En Chile son pocos los gays adinerados y que nacieron en la aristocracia chilena. Muchos de los recursos económicos de la clase media “gay masculina emergente”, provienen de lo que su trabajos profesionales u ocupaciones les han entregado, escribiendo libros para señoras ABC1, heredando la plata de la familia u otra serie de métodos que aún desconozco por completo.

Pero para el hombre gay que no logró ni logrará formar parte de ese círculo social gay, y que está consciente que sólo será parte del proletariado, lo único que le queda es formar parte de los “escaladores sociales”, de los arribistas por admiración, de  los que quieren mimetizarse y tener lo mismo que posee aquel macho gay, que no es “loca” y que tiene poder adquisitivo suficiente para darse unos envidiados gustos.

A todos esos jóvenes talentos en el arte de la mimetización cola, les imploro que dejen de hacerlo, ya que no es lo mejor. Lo ideal en la vida de todo hombre gay es aceptarse tal cual es y asumir, por sobre manera, la condición social en la cual viven. Si no naciste en Las Condes, Providencia o Vitacura sino en comunas como Puente alto, La Pintana o San Bernardo, tienen el mismo grado de honor y complejidad que las otras. No hay que sentir vergüenza ni mucho menos temor a decir de donde somos.

Personalmente, soy un creyente que en el momento en que aceptamos nuestra realidad social, nuestra vida se hace más fácil. Yo acepté que vivo en La Granja y no tengo vergüenza por ello. Y  si por muchas opiniones que emito me tratan de arribista, pues no lo soy. Trabajo en una fundación en la que  muchos viven de Plaza Italia hacia arriba y me doy cuenta que tengo las mismas capacidades o incluso mayores que ellos.  “La verdad os hará libre” dice un viejo profeta, que escribía pasajes falsos de la historia.

El querer ser como ese gay pudiente, el aparentar tener la misma billetera y cuenta bancaria, el querer pertenecer a lógica y los estereotipos del gay ganador, con pareja, profesión y feliz, no debe ni debería ser lo normal para nadie. Ser gay, no pasa por ser de tal o cual manera. La mimetización y el querer ser todos iguales siguiendo el estereotipo del gay ganador y feliz, no es lo correcto. La diversidad por sí misma entrega algo, no todos debemos ser iguales ni seguir un estándar o canon social: somos gay y nuestras vidas han comenzado rompiendo esquemas.

La clase social o el lugar donde nacemos no debería definir el cómo debemos ser  o a quién debemos mimetizar para sentirnos más incluidos en la sociedad. Un producto Mac, un café Starbucks, no te hace ser mi mejor ni peor persona, sólo te hace ser un consumidor Snob, de lo que es moda  para “Socialité gay”.

Y bueno, si al final de leer todo esto sigues igual de cola arribista que como al comienzo, no pierdas cuidado, también pienso en ti y te daré un consejo gratis. Un “Sugar Daddy” siempre puede financiar tus gustos de gay pudiente. Eso sí, el sexo puede que no sea tan grato como te gusta.

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Matías Eduardo González Quiroz

Estudiante de Pregrado. Química y Farmacia. Pontificia Universidad Católica De Chile

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