Viviendo en la Claridad: “¿Amor o codependencia?”

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Ramón era un hombre sencillo y muy trabajador cuya primera experiencia en pareja dejó una huella imborrable en su camino.

Ramón se sentía un poco extraño ante el desfile de cuerpos desnudos en la revista disponible en la entrada de la discoteca. Los únicos cuerpos que había visto en su vida fueron el suyo y el de unos amigos cuando a falta de regadera en casa se lanzaban al río que corría por la vereda. Pero aún en aquel río donde la naturaleza era el único testigo, algunas partes “prohibidas” permanecían ocultas en un calzoncillo, y los deseos, se los llevaba en secreto la corriente. En cambio ahora, todo quedaba al descubierto, desde aquel pecho grande del modelo en la portada, sus dotes de amante, y la mirada de Ramón ¡perdida en el deseo!

El único problema era que Ramón se sentía menos que los demás. Religiosamente iba dos horas diarias al gimnasio para mantener un cuerpo fornido, pero aún así se sentía acomplejado por su baja estatura, una nariz que le parecía demasiado grande y sus labios muy delgados. A pesar de sus complejos soñaba con encontrar a alguien que le perdonara lo que él llamaba “defectos de nacimiento”. Era como si creyera que el amor de otro automáticamente lo ayudaría a amarse a sí mismo.

En una de tantas noches en el bar, la mirada de Ramón se cruzó con la de un joven muy atractivo que reunía físicamente lo que él buscaba. Al sentir su mirada, tan fija y coqueta le hizo sentir una conexión muy profunda. Hasta perdió el aliento, mientras el joven le sonreía sosteniendo una cerveza en la mano. Jamás imaginó que en cuestión de segundos, otro hombre le hiciera pasar del calor al frío. Por ratos sentía que le hervía la piel, y en otros, temblaba de escalofríos.

Esa noche ambos se perdieron en un encuentro pasional -algo desconocido para Ramón; marcó el principio de una relación larga pero enfermiza. Ramón era diez años mayor que John. Trabajaba doble turno en un restaurante en West Hollywood. No ganaba mucho, pero con las propinas ajustaba para alquilar un apartamento sencillo de una recámara en el centro de la ciudad. Cubría los gastos esenciales incluyendo la comida, y hasta le quedaba para salir con su pareja.

Una vez que John se mudó al departamento de Ramón, la vida de éste último pasó a segundo lugar. De hecho, Ramón consiguió otro empleo los sábados en un Target, arreglando ropa. Con el dinero extra consentía los caprichos de su amado, cuya profesión era vagar durante el día y visitar los bares por las noches y fin de semana. Al principio  lo acompañaba pero después, con los desvelos, el cansancio de largas horas de trabajo y la rutina misma, no pudo más, y John empezó a salir solo.

Ramón era muy servicial y considerado con su pareja. A veces parecía disculparse por no tener la misma energía para trasnochar; otras parecía que quería comprar su amor con mimos y atenciones. Le planchaba las camisas, los pantalones y le lustraba los zapatos de baile. Hasta le daba algo de dinero para la entrada del bar y dos bebidas y le prestaba el carro a pesar de tener la licencia suspendida. Todos los días al llegar del trabajo, Ramón calentaba la cena que preparaba por la mañana antes de comenzar su larga jornada. Al terminar de comer lavaba los trastos. Era como ver una mujer sumisa varias décadas atrás convencida de “haber nacido para atender su hogar y su marido”.

Lo curioso es que Ramón seguía con John a pesar de sus infidelidades, maltratos físicos y verbales. Cada vez que descubría el engaño, inmediatamente terminaba la relación, pero al rato podían más las lágrimas y juramentos de John. “Te amo“. “No lo vuelvo hacer”. “El problema es que siempre estás cansado o trabajando; no sales conmigo.” Al final, John se salía con la suya haciendo sentir culpable a Ramón por no dedicarle más tiempo, y tarde o temprano se reconciliaban. Ramón le temía más a la soledad que a sufrir constantemente los golpes del abuso y la traición de un mal amor. Hasta terminaba convenciéndose a sí mismo de que “John es muy joven; necesita dirección”. “Debo tenerle paciencia para ayudarlo a cambiar”.

Después de ocho años de vida en pareja, un incidente terrible finalmente obligó a Ramón a enfrentarse a la realidad. John sufrió un accidente automovilístico. Lo operaron de emergencia pero la recuperación fue imposible debido a la debilidad en su cuerpo como resultado de vivir con SIDA. Nunca imaginaron que estuviera infectado, jamás se había hecho la prueba. Ramón, al enterarse, se hizo el examen del VIH. Desafortunadamente salió positivo.

Sin embargo, este diagnóstico fue el detonador que motivó a Ramón a buscar ayuda profesional. Reconoció que necesitaba trabajar en su propia autoestima. No podía volver a poner las necesidades de otra persona por encima de las suyas hasta el punto de arriesgar su salud y la vida misma.

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About the author

Laura Figueroa

Laura was born in Guatemala and immigrated to the US at age 21 to redesign her life from the bottom-up. Her first jobs in this country included housekeeping and babysitting until she learned the language. Eventually she went back to school and earned a BA in Psychology at California State University and an MBA at Walden University. Laura has worked in the HIV field in different capacities and with people from diverse backgrounds since 1996. First with LA Shanti as Programs Manager and then with John Snow Incorporated in Colorado where she provided capacity building for several ASOs in the Midwest and conducted HIV national trainings. She also did independent consulting work and motivational speaking, Prior to joining Gilead she worked at Boheringer Ingelheim for 2 ½ years, first as Community Liaison and later as HIV National Accounts Manager. Laura is a columnist for xQsí Magazine and a contributing writer to the book Gathering Round the Fire.

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  • http://www.facebook.com/cheli.landa Cheli Landa

    FELICIDADES , LAURA. ME GUSTO MUCHO .

  • http://twitter.com/KarariKue Karari Kue

    Me identifico demasiado con Ramón. Yo también estuve en una relación donde me fue infiel multiples veces, pero por miedo a estar solo, le perdonaba sus faltas. Antes de amar a alguien, tenemos que amarnos a nosotr@s mism@s. Aún estoy aprendiendo a hacerlo.

    Gracias por la historia Laura. Como siempre, ¡llega directo al corazón!

  • Octavio Vallejo

    Laura, como siempre directo al corazon. Esta historia de verdad que resuena en la vida de cada uno de nosotros en el proceso del aprendizaje de lo que es amar. Con tantas presiones externas y modelos inadecuados las comunidades gay, lesbiana y trans aprenden a destiempo lo que es el verdadero amor. Gracias por hacernos reflexionar en este gran concepto y asi impulsar el movimiento de una comunidad gay, lesbica y transgenero sabedora de que el amor inicia en y con nosotros mismos. Gracias por existir Laurisima! Octavio Vallejo

  • vivian varela

    Gracias Laura por este cuento que viene de muchos anos de experencia. Asi aprendemos a mejorar nuestras vidas cuando prestamos atencion a los cuentos de nuestras vidas…lo bonito y lo dificil

  • Alvaroventura2003

    Laurita triste historia y la vez un buen mensaje para que no seamos codependientes de otros por nuestra felicidad.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=32801088 Danny Olvera Orozco

    Test

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